CORREA de
TRANSMISIÓN...
¿de la MEMORIA?
Tras verlo, desde niño,
arrinconado en un trastero
de casa de mis abuelos,
pregunté: “Qué es eso”.
“Un trasto de tu abuelo Jesús”,
me dijeron; primera información,
tras años de presencia ignorada.
Ya sabía de quién, la siguiente
pregunta iba a ser:
“¿De qué? ¿De qué?...”
Durante dos años dudé:
“¿De viejo caucho, o de cuero?”
En cualquier caso, tan reseco,
que si lo desenrollaba...
“Se romperá”, me temía, y
además: ¿De qué animal se
puede sacar una tira tan larga?
Quince o veinte metros.
“Imposible, no puede ser de
cuero”, deduje.
Por fin, el verano del
2004, tras dos años de
espera, decidí desempolvarlo
y sacarlo a la luz. En aquel
momento, el tío Chucho andaba
por ahí, y me ayudó a satisfacer
mi curiosidad con nuevos datos.
El material era cuero,
muy bien curtido, motivo
por el que la cinta es ahora
más corta que en su origen.
En los años 40, el abuelo
Jesús recurrió a ella para
hacer sandalias para toda
la familia, las suelas
de las sandalias.
La cinta, anteriormente,
fue de mi bisabuelo Manuel,
conductor de tranvías en el
boyante Sao Paulo de inicios
del siglo XX, quien en ocasión
de sustituir esta cinta por una de
caucho en una máquina en los
años 30, decidió guardarla, como
guardaba otros muchos objetos
curiosos, arrollados por el
progreso.
Y un comentario de él
sobre la cinta: “Objetos
así no se volverán a
hacer, y si se la lleva
el trapero... acabará
como suela de zapatos.”
Pasó la guerra y llegaron
años de austeridad, y no sé
si vio, o no, cómo su hijo
tuvo que utilizarla
parcialmente en algo
que él quiso evitar.
Y ahora soy yo, quien
conociendo esta historia,
e imaginando a mi madre
de niña y a sus hermanos,
todos con sandalias hechas
por el abuelo, suelto unas lágrimas
y me convierto en un nuevo
engranaje que mueve la correa. ¿Seré el último? |
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